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viernes, 8 de enero de 2016

De aquí a la eternidad

     La verdad es que en mi fase atea esto de las relaciones interpersonales era más fácil. Pensaba que la vida hay que vivirla y listo. Encontrar un ser que te llene para intercambiar amor, cariño y comprensión. Y eso está bien, a priori es perfecto, ¿no? El “problema” viene cuando sé que hay vida después de esta vida. La vida sigue después de lo que llamamos muerte. A los ateos no les gustará mucho oír esto; de hecho, a mí no me gustaba creer en ello cuando lo era, pero “siento” deciros que es cierto. Bueno, aclarado esto, el problema para mí de vivir eternamente después de esta vida, es con quién estaremos todo ese gran tiempo. Supongo que principalmente estaremos con los familiares. Según dicen, no se pone el sol y no hay sexo. Esto último me parece un alivio, la verdad. Porque el hecho de querer tener sexo en esta vida, algunas veces crea una tensión que echa a perder una buena amistad. Pero siguiendo con el tema de con quién estaremos en ese sitio eterno ¿y si quisiéramos pasar el resto de la eternidad con una persona a la que conociste en esta vida pero, con la que por motivos personales, no coincidiste el suficiente tiempo? Sabes que no vas a tener sexo con ella, pero te gusta como piensa, que es lo que hace, lo que se esfuerza, para ti tiene una belleza fuera de lo normal, y es tan buena persona que quieres estar con ella para siempre.

      Para que te hagas una idea, ¿te puedes imaginar una mezcla entre Merilyn Monroe y Aishwarya Rai –si eres chica piensa en Leonardo DiCaprio o George Clooney–, y además que te trate muy muy bien? Una chica con un encanto especial; entonces me pregunto: ¿por qué demonios no intenté algo más?

     Las palabras que pronuncian los curas en el acto del matrimonio: »..., hasta que la muerte los separe?« pierden todo el sentido. De hecho para los creyentes, si lo son de verdad, la muerte es solo un paso en la evolución, y si tú has querido a una persona de verdad en esta vida ¿por qué no seguir con ella después?

      Pero otro problema grave que veo es qué ¿por qué va estar contigo una persona que no te eligió en esta vida? Tener que vivir esta vida sin esa persona tan especial es soportable porque conoces más gente. Pero estar en la eternidad sin la persona que más he admirado en esta vida creo que sería muy, muy duro.

     Tampoco os voy a engañar, yo me enamoro a diario, casi todos los días en los que salgo y veo una carita que me gusta. Pero realmente sólo me gustan sus caritas, de lo que tiene en el interior cada persona solo me ha conquistado una, y pienso que podría estar con ella para el resto de la eternidad.

Vete y quédate.
¿Puedes hacer eso?
Mírame.
No me acaricies.
No me hables.
¿Puedes hacer que sienta tu presencia sin estar a mi lado?
Sí. Entonces déjame solamente que te mire a la cara.

     @eltiopacote
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domingo, 27 de diciembre de 2015

Rocío

     Vivo en un edificio a medio construir. Hay muy pocos vecinos, pero entre los pocos vecinos está mi eterno amor platónico. La veo bajarse de un coche dirigiéndose hacia el portal del edificio. Sé, por lo que ella me dijo anteriormente, que ése era su novio. La intercepto y comienzo ha hablar con ella. Mientras hablo, pienso en que querría estar con ella de forma íntima; tenerla entre mis brazos y besarla. Pero después de una pequeña conversación nos despedimos y ella sube a su piso.
     Me voy a dar una vuelta por el pueblo. Tiene las calles estrechas hay muchos edificios a medio construir o reformar. Es extraño. Me siento en un banco y aparece Rocío. Se sienta conmigo en el banco y seguimos hablando. Le digo que me gusta y que quiero estar con ella para siempre. Me recuerda que tiene novio, pero se acerca más a mí. Me fijo en su cara y tiene unos lunares que no recordaba. Desde luego no le quitan belleza. Le beso la cara y la abrazo. Es tan dulce.
     Nos vamos al piso de unos amigos y nos metemos en una habitación. Me siento en una silla y ella se sienta sobre mis piernas. Me coge la cara y me besa en un párpado, después en el otro, me dice que me quiere y me besa en los labios con tanta dulzura, tan suavemente. No quiero que esto acabe nunca, pero sé qué esto acabará. Me inquieto, me incomodo, y me despierto pensando en ella.

     Recuerdo aquella tarde de lunes 22 de diciembre en que estábamos los tres, Gema, tú y yo. Estábamos acordando ir a spinning el viernes siguiente. Nos parecía demasiado tiempo no hacer deporte el miércoles por Noche Buena y tal. Gema y yo íbamos a ir al gimnasio, lo teníamos claro. Pero yo quería que vinieras tú también, la verdad. Dijiste que querías ver el Belén de navidad con tu novio, y yo me reí de ti diciendo: »Claro, los muñequitos de la maqueta están muy bien y es una parte esencial de la vida con la que no se puede dejar de vivir«. Tú sonreías, pero noté que era forzado; no había que ser un lince para darse cuenta. Pero yo quería que vinieras y tampoco le di mucha importancia. Cuando a mí no me afecta no le doy importancia. Puto egoísta.
     Cuando pasó la Navidad me pillaste a solas y me dijiste las palabras más tristes que he escuchado nunca: »Me voy. Me cambio de gimnasio«. Yo te dije que no te fueras, que ese era el mejor gimnasio en relación calidad precio, y el más limpio. Nunca he sabido expresar muy bien mis sentimientos cara a cara, y no te dije que me gustaba que estuvieras por allí, aunque solo fuera por verte. Que eras la luz de aquel lugar. La mejor persona que he conocido nunca y solo tenerte por allí para charlar contigo era suficiente para estar a gusto. Pero no te dije nada de eso y te fuiste.
     Un mes más tarde fui al gimnasio por la mañana, en un horario en el que no solía ir. Estaba en la puerta de la sala spinning cuando te vi otra vez andando hacia mí, pero te hiciste la despistada y te pusiste ha hablar justo con la chica que tenía al lado. Te saludé,  te hiciste la sorprendida y te pusiste ha hablar conmigo. Me alegré muchísimo por tenerte cerca en el espacio aunque no en el tiempo. Me di cuenta de que lo único que habías hecho era cambiar de horario, supongo que, para no verme. Ese pensamiento me entristeció y, por primera vez, fui consciente de como puedo llegar a cagarla en tan breve espacio de tiempo.

     @eltiopacote
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